sábado 30 de abril de 2011

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA (Ciclo A) 01 de mayo de 2011

Primera lectura (Hch 2, 42-47): La primitiva comunidad cristiana es un espejo en el que toda comunidad debe mirarse. Estaban unidos en la escucha de La Palabra y en la Eucaristía. Tenían un solo corazón y compartían sus bienes materiales. El poder de Jesús seguía obrando en ellos, ya que él estaba vivo en medio de de ellos. Los caracterizaba la alegría, la sencillez de corazón y la alabanza. Evangelizaban por atracción (DA 159) y el Señor acrecentaba la comunidad día a día.
Salmo (Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24): ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,porque es eterno su amor!La última estrofa del fragmento del salmo que leemos este domingo reinterpretada por Jesús y retomada por el apostol Pedro en una de sus primeras predicaciones. Cristo es la piedra rechazada que se convirtió en la piedra angular de todo el edificio (Mt 21, 41//; Hch 4, 11). La muerte y la resurrección de Jesús son la obra que hizo el Señor; este es el día en que Él actuó: Alegrémonos y regocijémonos en él!
Segunda Lectura (1Pe 1, 3-9): La resurrección del Señor es obra de la misericordia de Dios para con nosotros. Por ella es posible la esperanza en la Vida eterna. Nosotros participamos de los frutos de la resurrección de Jesús por medio de la fe: en Él creemos y lo amamos sin haberlo visto. Esa fe nos encamina a la meta que todos anhelamos: la Salvación.
Evangelio (Jn 20, 19-31): Esta escena nos cuenta dos de las apariciones del Resucitado a los discípulos. Él sigue vivo y se manifiesta para confirmar la fe de los apóstoles. Les comunica el don de la paz (tres veces los saluda "La paz esté con ustedes"), el don del Espíritu, el don del perdón y el don de la misión. La figura de Tomás, quien duda por no haber visto, nos ayuda a reflexionarsobre la fe. La resurrección de Jesús inaugura un nuevo modo de presencia suya entre nosotros a la cual no debemos acceder por los sentidos sino por la fe, que es un don del Espíritu Santo. Sólo la fe nos permite reconocer la presencia de Jesús entre nosotros y gozar de los frutos de la Pascua en nuestras vidas.

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