Contextualización: En la solemnidad de la Navidad la Iglesia nos ofrece la posibilidad de celebrar una Misa propia en distintos momentos de la jornada, así hay una misa de la Vigilia, de la Noche, de la Aurora y finalmente una misa del Día. Cada una tiene oraciones y lecturas propias que nos hablan de la inmensa riqueza del misterio que celebramos. Las tres primeras nos invitan a contemplar la Navidad desde el anuncio del AT y la realización que esas profecías tuvieron con el Nacimiento de Jesús y escuchamos en el evangelio los relatos del pesebre y el anuncio a los pastores. La Misa del Día, que es la que elegimos, nos remonta más lejos todavía, nos narra el plan de Dios trazado desde antiguo. Dios mismo, la Palabra eterna, se hace hombre, pone su morada entre nosotros, para llevarnos a Dios, para darnos la salvación.
Aportes para la interpretación:
- Primera Lectura (Is 52, 7-10): Este pasaje, que pertenece al final de la segunda parte del libro de Isaías, anuncia un mensaje de esperanza y de promesa de liberación. El pueblo desterrado en Babilonia experimentará como un nuevo Éxodo, Dios va a intervenir y les mostrará su poder (“desnuda su santo brazo”) a Israel y a todas las naciones. Ocupan un lugar importante los centinelas, aquellos que anuncian la Buena Noticia: son los profetas que gritan de alegría porque ven al Señor que viene. Este texto iluminado desde el Misterio de la Navidad nos habla de la intervención definitiva de Dios en la Historia con la venida de su Hijo: Él es el bendito que viene en nombre de Dios a anunciar la paz, la liberación, la redención a todos los hombres.
- Salmo (Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6): El salmo se abre con una invitación a la asamblea a cantar y a alabar al Señor por que obró maravillas. Ese canto brota de una memoria agradecida porque Dios se acordó de su misericordia y fidelidad. Toda la creación es testigo de esto: “Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios”. El nacimiento de Jesús es el nacimiento del Señor que es rey (v.6) y que viene a restablecer la justicia. Todo el universo es invitado a alegrarse por la victoria de nuestro Dios, victoria de su amor redentor.
- Segunda Lectura (Hb 1, 1-6): Este es el comienzo de la carta a los Hebreos, allí el autor empieza mostrándonos el deseo de Dios que ha buscado establecer la comunión con los hombres y nos ha hablado en muchas oportunidades y de muchas maneras (v.1). Pero a diferencia de los tiempos antiguos, en los últimos tiempos no habló por los profetas sino que nos habló por medio de su Hijo. Él es el resplandor y la impronta del ser del Padre, Él nos revela como nadie el misterio de Dios. “Es la plenitud y el mediador de la Revelación” (DV 2.) En Cristo Dios nos lo ha dicho todo y no debemos esperar nada más. Es la Palabra que salva, la Palabra que nos muestra al Padre, la Palabra que nos conduce a Dios.
- Evangelio (Jn 1, 1-18): El Prólogo del Evangelio de Juan abre frente a nosotros la grandeza del plan que Dios ha trazado en la historia, cuyo comienzo se remonta al seno de Dios mismo: “En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, la Palabra era Dios”. Esa Palabra es el origen de todo cuanto existe porque todo fue hecho por medio de la Palabra (v. 3, cf. Col 1, 15ss). La Palabra es Vida y es Luz, y esa Palabra se hizo carne, entró en la historia, se hizo hombre. Muchos no quisieron recibir la luz y prefirieron las tinieblas; a los que la recibimos nos dio la posibilidad de ser “Hijos de Dios”. A lo largo de todo este pasaje Juan anuncia todos los temas que va a desarrollar en su evangelio: La Palabra, la revelación, la luz, la fe, la vida, el testimonio. El punto culminante es el v. 14: “La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. Dios quiso entrar en el mundo asumiendo nuestra propia fragilidad (carne) y quiso plantar su tienda en medio de los hombres. Así como Dios en el AT levantó su tienda en el desierto y ese era el signo de su presencia (Ex 33, 1-7, Lv 26, 11-13), así también Dios levanta una nueva y definitiva tienda haciéndose presente entre los hombres por medio del cuerpo-templo de su Hijo (crucificado y glorioso cf. 2, 19) que inaugurará el nuevo lugar del encuentro entre el hombre y Dios.
Pistas para la Reflexión: Dios nos sigue dirigiendo su Palabra a cada uno, nos sigue hablando en Jesucristo. El Misterio de la Navidad debe conmovernos al pensar que Dios nos ama tanto que se abajó para elevarnos, que vino al mundo para llevarnos al cielo, que pagó nuestra culpa para reconciliarnos con el Padre. Tenemos dos opciones: podemos preferir las tinieblas del pecado y del error o bien, podemos acoger con un corazón sencillo y humilde la Vida y la Luz que el Señor nos trae HOY en Jesús nacido por nosotros y por nuestra salvación.
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