Contextualización: El adviento es un tiempo marcado por la esperanza y por el cumplimiento de las promesas de Dios, por su misericordia y su fidelidad que nos traen la justicia y la paz. Pero también es un tiempo para escuchar el llamado de Dios a revisar nuestra conducta, a desterrar el pecado, a convertir el corazón. En la liturgia de este domingo se complementan estos dos aspectos que se entrelazan en las lecturas. Nos iluminan especialmente las figuras de Isaías y de Juan el Bautista.Aportes para la interpretación:
- Primera Lectura (Is 11, 1-10): Este texto pertenece al llamado “libro del Emanuel” que es una sección dentro del primer libro de Isaías en la que se anuncia la venida del Salvador, del Mesías, como un descendiente de la familia de David que vendrá a restaurar el reino. Hay una imagen muy hermosa que habla de la paciencia de Dios y de su fidelidad: “Saldrá un retoño del tronco de Jesé”, que es el padre de David: el tronco de este árbol genealógico había sido devastado por las propias infidelidades y pecados; pero no todo está perdido, Dios hará surgir un retoño, un brote nuevo. El Emanuel estará colmado del Espíritu de Dios (v.2-3) y vendrá a devolver la justicia a los pobres (v.4-5); con su llegada restaurará la paz perdida y reinará la armonía en toda la creación: “El lobo habitará con el cordero…” (v.6-8).
- Salmo (Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17): Este salmo es una súplica por el rey prometido y esperado. Es una expresión de deseo y de sólida esperanza de que en los días de este rey “florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna” (v.7).Como en la profecía de Isaías, también aquí se presenta ese tiempo en el que se defenderá al pobre y al débil (v.4.12-13), en donde su reinado de paz se extenderá hasta los confines de la tierra (v.8.11.17). Esta súplica que a la vez es profecía sólo alcanza su plenitud de sentido con la venida de Cristo.
- Segunda Lectura (Rm 15, 4-9): San Pablo anima a los romanos a que esperen en Dios ya que toda la escritura está en función de esa esperanza (v.4). El consuelo y la confianza que brotan de ella tienen que motivarlos a imitar a Cristo: “Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios”. (v.7). Pero también ilumina a los judíos confirmando que la salvación no sólo es un don para ellos, con quienes Dios se mostró fiel, sino que es un don para todas las naciones con el fin de manifestar su misericordia (v.8)
- Evangelio (Mt 3, 1-12): Mateo nos presenta la figura de Juan el Bautista a quien identifica con la profecía de Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. A la vez que anuncia la llegada del Mesías esperado hace un llamado a la penitencia y a la conversión del corazón. Aparece en el desierto con las vestiduras similares a las que usaba el profeta Elías en el AT (2Re 1,8). Mateo describe estas cosas mostrando que con la venida de Cristo se cumplen las Escrituras. El anuncio de Juan es incómodo porque llama a una sincera conversión, su bautismo de penitencia no es sólo un rito externo. El Mesías Esperado vendrá a bautizar en el Espíritu Santo y en el fuego, y a realizar el juicio que hará la definitiva purificación. El Bautista, considerado el último de los profetas, anuncia, exhorta, denuncia el pecado y la mediocridad de los que se creen religiosos, interpela. La penitencia y la conversión no son cosa del pasado, son condición necesaria si queremos preparar bien el corazón al Señor que viene hacia nosotros.
Pistas para la Reflexión: Podríamos resumir el mensaje de estas lecturas con la invitación de Juan a preparar el camino y allanar el sendero al Señor que viene. Una oración de este tiempo reza así: “Señor, abaja los montes y las colinas de nuestro orgullo y levanta los valles de nuestros desánimos y cobardías. Destruye los muros del odio que divide a las naciones, y allana los caminos de la concordia entre los hombres”. El Señor viene a traernos la paz y la justicia, pero eso no será de un modo externo y mágico (lo comprobamos mirando alrededor). Su presencia verdadera y cercana nos posibilita a ser constructores de la paz (Mt 5,9). Tomemos en serio la exhortación de Pablo y de Juan Bautista y apoyados en la esperanza que no defrauda allanemos el camino para que el Señor obre en nosotros y a través de nosotros.
Fruto de tu trabajo y esfuerzo es el resultado de estás reflexiones muy lindas, sabés que te quiero muchisimo y que me fuiste de mucha ayuda durante este año, Dios permita que lo siga siendo durante toda mi formación, de a poco se va formando todo lo bueno, con la Gracia de Dios, la ayuda de ustedes y la disponibilidad y apertura del corazón de quién busca crecer.
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