jueves 11 de noviembre de 2010

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario – 14 de Noviembre de 2010

Contextualización: Ya estamos en las últimas semanas del año litúrgico, y llegando al fin de este recorrido somos invitados a mirar hacia las realidades últimas que fortalecen nuestra esperanza y nos animan a seguir por el recto camino. Por un lado las lecturas anuncian la llegada del fin de los tiempos, y por otro nos invitan al trabajo paciente, a poner nuestra seguridad sólo en Dios y a perseverar en la fe, porque no sabemos el día ni la hora.

Aportes para la interpretación:

- Primera Lectura (Mal 3, 19-20): Este breve texto del profeta Malaquías forma parte de un oráculo que es un poco más extenso (v.13-21) que habla acerca del triunfo final de la justicia divina. Frente a la pregunta: ¿Vale la pena servir a Dios, si los malos prosperan y a los buenos les va mal? (cf. 13-15), responde que se acerca “el Día”. Expresión que habla de una intervención definitiva de Dios en la historia. El fuego u horno ardiente que abrasa y consume al arrogante es clásica en los profetas para indicar el juicio de Dios al malvado (Am 1,4; Is 30,47; Ez 21,1). Para el justo, al contrario, empieza una era de paz y de salvación. Como el sol matutino rompe la oscuridad de la noche, así la futura manifestación del Señor iluminará este mundo de tinieblas. La imagen del sol de justicia que nace de lo alto será utilizada para referirse a Cristo (cf. Lc 1,78).  Así se fortalecía la fe y la confianza en un Dios que no abandona a su pueblo y que en su justicia sabe dar a cada uno lo que le corresponde.

- Salmo (Sal 97, 5-9): Es un himno que canta la gloria de Dios, rey y juez de todo el universo. Es una invitación a que se unan en su alabanza no sólo el pueblo de Israel sino la creación entera (el mar, las montañas, el océano, todos los habitantes del mundo). Contiene una fuerte esperanza en Dios ya llega para gobernar con justicia y rectitud.

- Segunda Lectura (2Tes 3, 6-12): Termina la segunda carta a los Tesalonicenses y Pablo exhorta a los cristianos a no llevar una vida ociosa. Parece que se había extendido la opinión de la inminente venida del Señor y algunos de la comunidad descuidaban las ocupaciones cotidianas y el trabajo, siendo una carga para los demás. La esperanza en la futura venida de Jesús es para el cristiano una razón para no apegarse al mundo. Pero eso no quiere decir que tenga que entregarse al ocio o que sea una preparación “pasiva” sino más bien esa esperanza es una esperanza activa que nos mueve a trabajar por el Reino.

- Evangelio (Lc 21, 5-19): Frente a la admiración que despertaba en algunos judíos la belleza del Templo de Jerusalén Jesús apela con firmeza: “No quedará piedra sobre piedra”. Esta afirmación derriba una de las seguridades más grande que tenían los israelitas. Ellos habían puesto demasiada confianza en un templo hecho de manos humanas. Y reaccionan: “Maestro, ¿cuándo sucederá esto?”. La fecha del día del juicio no la sabemos, muchos han hablado en vano y seguirán hablando: “No los sigan”. Y el Señor continúa describiendo una serie de sucesos: guerras, calamidades, peste… Basta recorrer un poco la historia para darse cuenta de que esas cosas han ocurrido y ocurren. Con ello Jesús nos advierte de la inestabilidad del mundo y que nuestra seguridad no está ahí. Tampoco en la aceptación de la Iglesia o del Evangelio: “Serán perseguidos, los juzgarán, los encarcelarán…”. Entonces, ¿dónde está la clave? ¿cómo entendemos esas palabras?: Simplemente tener confianza en que estamos en las manos de Dios, que Él nos asiste para dar testimonio y que debemos perseverar hasta el fin: “Gracias a la constancia salvarán sus vidas” (v.19).

Pistas para la Reflexión: “Mientras nos hallamos en este mundo, no nos perjudicará el caminar aquí abajo, siempre que procuremos tener el corazón en lo alto. Caminamos abajo, mientras caminamos en esta carne. Al fijar nuestra esperanza en lo alto, hemos como clavado el ancla en lugar sólido, para resistir cualquier clase de olas de este mundo, no por nosotros mismos, sino por aquel en quien está clavada nuestra ancla, nuestra esperanza, puesto que quien nos dio la esperanza no nos engañará y a cambio de la esperanza nos dará la realidad. Pues, como dice el Apóstol, la esperanza que se ve no es esperanza. En efecto, lo que uno ve, ¿cómo lo espera? Si esperamos lo que no vemos, por la paciencia lo esperamos (Rm 8,24-25)”. San Agustín, Sermón 359.

3 comentarios:

  1. GRACIAS PATER!!!... GRACIAS PÓR SEGUIR COMPARTIENDO CON NOSOTROS LO LINDO DE GUSTAR DE LAS PALABRA DE DIOS!! UN FUEERTE ABRAZO EN CRISTOOO!!!

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  2. Cómo cuesta padre mantener el corazón en lo alto!!Este mundo lleva consigo una guerra despiadada entre el bien y el mal.
    Confío en la esperanza que no se ve y en la Cruz de Cristo,lucho con el arma de la Virgen:EL SANTO ROSARIO.
    gracias por estas reflexiones!

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  3. Padre: como siempre agradezco este aporte de gran ayuda para vivir mejor la liturgia de cada Domingo que la Iglesia nos propone. Considero de vital importancia, en estos tiempos de deseperación, donde las cosas son cada vez más rápidas, recordar que el cristiano tiene como nota característica la esperanza. "La esperanza no defrauda". Que sepamos perseverar en el amor hasta el fin. Que el Señor te siga acompañando y te deje seguir gustando de la Gracia de su Palabra. Saludos!

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