jueves 28 de octubre de 2010

Domingo XXXI del Tiempo Ordinario – 31 de Octubre de 2010

Contextualización: Ya nos vamos acercando al final de este año litúrgico que culminará en unas semanas con la fiesta de Cristo Rey. También va llegando a su término el camino de Jesús hacia Jerusalén. Las lecturas nos revelan hoy el rostro de un Dios que sale al encuentro del hombre para que se convierta. Su mirada llena de compasión se aparta del pecado pero se posa sobre el pecador provocando el encuentro y la salvación.

Aportes para la interpretación:

- Primera Lectura (Sb 11,22-12,2): Este fragmento del libro de la Sabiduría muestra la grandeza y el poder de Dios que se reflejan de un modo especial en su compasión y misericordia: “Tu te compadeces de todos porque todo lo puedes”. En el amor sin límites está su omnipotencia. Él es el autor de toda la toda la creación, pero a la vez la creación es ante Él como el polvo de balanza. Todo lo que existe ha salido de sus manos y es fruto de su amor que lo sostiene en el ser, y su espíritu está en todas las cosas (12,1). El Señor indulgente aparta los ojos de los pecados y con paciencia encamina a los hombres para que se aparten del mal y crean (12, 2).

- Salmo (Sal 44, 1-2. 8-11. 13c-14): También el salmo canta las maravillas de Dios que es bondadoso y compasivo, lento para el enojo y de gran misericordia (esta afirmación es repetida también en varios salmos p.ej. 86,5.15; 100,5; 103,8). De su mano no sale una condena sin más para el que peca sino que Él sostiene al que está a punto de caer y endereza al que está torcido (v.14). Da al hombre una oportunidad para convertirse y volver a Él. Algo parecido expresa Isaías sobre el Ungido de Dios: “No romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha que arde débilmente” (Is 42,3).

- Segunda Lectura (2Tes 1,11-2,2): Comenzamos a leer este domingo la Segunda Carta de san Pablo a los Tesalonicenses, que tiene una marcada impronta a la esperanza en la venida de Jesús, en la llegada del  Día del Señor. Este pasaje comienza expresando el oración del apóstol a Dios por esa comunidad, y expresa con palabras muy hermosas que el que realiza la obra en los creyentes es Dios. Él la inicia y la llevará a su plenitud. Así Dios es glorificado en el creyente y el creyente en Dios.  Todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe son puestas por el Señor en nuestros corazones.

- Evangelio (Lc 19,1-10): El evangelio de este domingo nos cuenta el encuentro de Zaqueo con Jesús. Zaqueo era jefe de los publicanos (cobradores de impuestos) y por lo tanto un gran pecador con muy mala fama entre los judíos; sin embargo como quiere ver a Jesús se las ingenia para sortear los obstáculos de la multitud y de su baja estatura, y se sube a un sicómoro (una especie de higuera). Pero sorpresivamente Jesús posa sobre él su mirada. ¿Qué habrá pasado por el corazón de Zaqueo al escuchar la voz de Jesús que quería hospedarse en su casa? La gente murmura y no se explica. Pero el Señor no busca la aprobación de la gente sino la conversión del pecador. El encuentro con Jesús lleva a Zaqueo a hacer un cambio radical en su vida, dará la mitad de sus bienes a los pobres y a los que perjudicó les restituirá sobradamente. ¡Por abrir las puertas de su casa y de su corazón Dios obró en ese día la salvación! Jesús responde a la gente con una sentencia que escuchamos ya varias veces de su boca: “El hijo del Hombre vino a buscar ya salvar lo que estaba perdido” (cf. Lc 5,31-32; Mt 9, 12-13; 15,24; 18,11) llevando al culmen lo anunciado en el AT. Zaqueo deseaba ver al Señor, pero Jesús, como siempre, va más allá: no sólo se deja ver sino que, rompiendo los esquemas esperados, toma la iniciativa y por medio del encuentro suscita la conversión.

Pistas para la Reflexión: La situación del hombre pecador y alejado de Dios es o puede ser la nuestra. La mirada de Dios está puesta sobre nosotros no para condenar nuestro pecado sino para interpelarnos, para invitarnos a abrir nuestra casa a Jesús, para encontrarnos de verdad con Él. "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva"(Benedicto XVI, DCE 1). El cambio, la conversión, la vida cristiana en general no son fruto de nuestra sola voluntad sino que son consecuencia del encuentro con Jesucristo, “el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí”. 

1 comentarios:

  1. Las lecturas, junto con la reflexión que nos brinda, padre, no deja de llevarme a la misma imagen: el camino del hombre, las veces que éste se aparte de su Creador, y cómo Él se las ingenia para recuperarnos.
    "Te compadeces, Señor, de todos, porque amas a todos los seres".

    Pero también, sobre todo del Evangelio, como el encuentro de Zaqueo con el Señor es réplica de esa necesidad nuestra de "ser pequeños" ante Dios; como preparar la casa interior, nuestra alma, para recibirlo. Aquí, en lo personal, ver el paralelo con la Eucaristía: preparada la casa interior, lo recibimos sacramentalmente.
    "Hoy ha sido la salvación de esta casa".

    Gracias, padre!

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